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Filosofía E-Mail

Nací y crecí con la firme convicción de que no podía vivir sin poner al servicio del universo mi capacidad creativa, más allá de mi ego, más allá de mi posición, más allá de los obstáculos encontrados en el camino, más allá de las adversidades,... Encontré una pequeña luz oculta en un rincón de mí, un día me decidí a mirarla de frente, decidí ver más allá de ese destello y me encontré a mi misma. Decidí enfocar mi carrera hacia el arte y me licencié en la especialidad de escultura. Creando esculturas dirigidas al espacio público a ocupar grandes estancias. 

Acabé la carrera y no tenia un espacio donde trabajar a gran escala así que fui creando pequeñas maquetas que pudiese almacenar fácilmente. Un día me llamaron del Museo de Arte de Sabadell y me propusieron participar en una feria-exposición y allí estaba yo con mi trabajo. Miniaturas de mis grandes proyectos, que el público asistente las querían pasear y lucir, pues les parecían bonitas, pensando que eran joyas. Pensando en poner un cordón de piel o una cadena. Así es como me adentré en el mundo de la joyería en el que ya llevaba trabajando unos años, de un modo divertido y sin demasiadas pretensiones. Cuando decidí dar el paso llegué a esta reflexión: ¿Se puede considerar una joya como escultura? Si entendemos la escultura como un proceso creativo tridimensional, sin límite de tamaño, se puede considerar una joya como escultura, aun siendo la joya más clásica del mundo. Aun siendo una simple alianza se podría decir que es una escultura minimalista en la que un círculo de metal intenta capturar y delimitar un círculo en el espacio el cual interactúa con el espectador. Espectador como portador. Es por ello que me gusta llamarlas " PEQUEÑAS ESCULTURAS TRANSPORTABLES”.
 
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